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ALERGIAS ALIMENTARIAS: qué debemos saber y cómo enfrentarlas

La pediatra Ingrid Harwardt nos trae un tema que es muy importante, tanto para las familias de quienes lo sufren como para educar a la gente sobre las consecuencias de “solo probar un poquito, si no le va a pasar nada”.

Ella, como pediatra y madre de una niña con alergias alimentarias sabe en primera persona lo que significa este padecer. Por ello, escribió “Nuestro libro de recetas”, un texto con recetas aptas para alérgicos a la proteína de leche de vaca, con el cual le cocina a su hija.

A través de su cuenta en instagram, sube sus preparaciones y muestra el paso a paso de sus recetas.

El libro lo pueden comprar en: contrapunto, allfree.cl, dellanatura.cl, fundación Creciendo con Alergias y directamente al mail ingrinah@gmail.com

Las alergias alimentarias son una reacción adversa de tipo inmunológica a una proteína específica de algún alimento. Existen múltiples tipos de alergias, cada una con distintas manifestaciones. Puede llegar a ser grave, la llamada ANAFILAXIA, que es una reacción de todo el cuerpo (lo más frecuente es el compromiso respiratorio y cutáneo, pero también puede ser gastrointestinal o neurológico), inmediata a algún alimento (aunque también puede ser a otras cosas, por ejemplo, picaduras de insectos, medicamentos, etc), en donde puede haber riesgo vital, y el individuo DEBE ser llevado a un servicio de urgencia rápidamente.

Al hablar de alergias alimentarias, no es lo mismo que hablar de intolerancias alimentarias, que son aquellas reacciones adversas del organismo hacia alimentos que no son digeridos, metabolizados o asimilados completa o parcialmente, es decir hay un problema en el tubo digestivo, que genera la reacción.

La mayoría de las alergias alimentarias se adquieren en el primer o segundo año de vida, siendo más frecuente el primer año con reportes que alcanzan hasta el 10% de prevalencia, que luego cae  a un 3-4% de la población.

Los alimentos que con mayor frecuencia generan alergias alimentarias son  principalmente la leche, y luego soya, trigo, huevo, pescados y mariscos, y frutos secos.

Este último tiempo hemos visto un alza importante en el diagnóstico de alergia alimentaria, este aumento tiene múltiples causas, entre ellos mejor diagnóstico y conocimiento del tema, pero también hay otros factores como la genética, es decir si existe algún familiar directo con algún tipo de alergia (rinitis alérgica, asma, dermatitis atópica, etc), es mucho más probable  que un niño la desarrolle.  Otros factores que están en estudio, son los estilos de vida, la alimentación, la  contaminación ambiental, entre otros, que pueden llevar a generar cambios en los genes que favorezcan la producción de alergias. Otra teoría que explicaría el alza del diagnóstico, es la TEORÍA DE LA HIGIENE, que habla que el aumento de la higiene mundial, y por ende la menor presencia de infecciones, generaría que el sistema inmune se “entretenga” en otro tipo de respuesta, que serían las alergias y las enfermedades autoinmunes.

El diagnóstico de estas enfermedades, generalmente es clínico, es decir en base a una detallada historia del paciente, y un acucioso examen físico. Las manifestaciones son muy variadas, y dependen del mecanismo inmunológico involucrado (mediado o no por anticuerpos (IgE), y a veces mezcla de ambos mecanismos), e involucran múltiples sistemas:  piel, que se puede manifestar en forma inmediata como la urticaria aguda, o más tardía como la dermatitis atópica, tracto respiratorio, generando rinitis y conjuntivitis alérgica, asma , entre otras, tracto digestivo, provocando síntomas tan inespecíficos cómo los vómitos, dolor abdominal, diarrea, constipación, deposiciones con sangre, que se mantienen en el tiempo y, que incluso pueden generar en casos puntuales, falta de crecimiento, deshidratación o shock.

Cuando estamos frente a casos de difícil manejo, complejos, o con niños graves, se requiere estudio de otros tipos, como los exámenes inmunológicos, o endoscopías con biopsias  para llegar mejor al diagnóstico. El diagnóstico se hace con prueba y error, es decir, se elimina el alimento que se considera está generando la alergia de la dieta, y tras varias semanas se reincorpora para ver si genera síntomas. NO hay un examen específico que haga el diagnóstico.

El manejo de estas alergias por lo tanto, es la eliminación del alimento causante de la dieta, cuando son lactantes que toman pecho, es la madre la que debe hacer una dieta especial, DIETA DE EXCLUSIÓN,  en que se excluya el alimento. Siempre se comienza  por la eliminación de la  leche (proteínas de la leche de vaca), por ser el alimento que más causa alergias, y muchas veces también se elimina la soya porque tendría un 50% posibilidad de ser alérgico a éste si es a la leche, según evolución, donde al menos hay que esperar 2-3 semanas de dieta. Se debe evaluar retiro de otros alimentos, pero nunca de entrada para no favorecer la desnutrición materna.

En los casos donde son lactantes alimentados con fórmula, o niños más grandes, se deben utilizar leches especiales, en las que la proteína de leche de vaca ha sido modificada, para disminuir la posibilidad de causar alergias, y cuidar la alimentación complementaria para que esté libre de estas proteínas. Por ende padres y familia debe aprender a leer etiquetas, saber qué buscar en ellas y, por supuesto evitar comprar alimentos que contengan los alérgenos, aprender a cocinar sin leche para toda la familia, y si hay una salida a restaurant informar sobre las alergias, para que tomen las precauciones.

La mayoría de las alergias alimentarias de la niñez se pasan con el tiempo, en promedio a los 2 años de vida, aunque algunas alergias  tienden a persistir, como la de los pescados/mariscos y frutos secos. Se debe seguir con control estricto el crecimiento del niño y la alimentación que lleva, para no generar carencias o enfermedades posteriores.

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