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Confesión de mamá Nº 11: mi hijo es un adolescente

Una vez una amiga me dijo sobre su hijo de dos años “está tan grande, quiere hacer todo solo. Parece un adolescente”.  En su momento no lo entendí, porque el Rena era más chico, pero hoy, me hace TANTO sentido.

Sí, es verdad, mi hijo puede ser muy intenso y muy rico al momento siguiente. Una se acostumbra, aunque muchas veces, reconozco que se me va la paciencia y  a las 20.30 lo único que quiero hacer es una cura de sueño. Porque hay que ser honesta, y en esto parafraseo a la Cony Díaz del lado B de la maternidad, la maternidad agota. Y eso, se puede decir en voz alta.

Es en este escenario que mi hermoso Pepi, dio su segunda vuelta al sol a fines de febrero. Como que en parte fui feliz por ese día, pero por otro lado, temí. Sí, lo reconozco, a mis 32 años temí a eso que tanto me habían comentado, a todo eso que la pediatra me recalcaba, a lo cual debía tenerle paciencia infinita para no desfallecer: los “terribles dos”.

Si bien por acá estamos partiendo este nuevo escenario, hay cosas que puedo ver que han cambiado en mi pequeño humano, que a veces me hacen recordar a los gremlins, pero a los malos, cuando los alimentabas después de la hora y se transformaban en seres malvados.

A esto debo sumarle, en mi caso, cambio de sala en el jardín, que costó un tanto adaptarse y que le abrió un mundo nuevo: compartir con los niños grandes que se iban de la sala, por cerca de dos semanas, lo que significa adquirir costumbres de distinta índole a las cuales no estaba acostumbrado.

Si pudiera resumir algo de estos terribles dos, que a veces pienso en el Pepi se adelantaron, tal como su altura, sería algo así:

1.-Porfía: he visto cómo mi dulce retoño ha hecho notar qué le gusta y qué no. Esto no me parece tan mal, al contrario, significa que mi hijo tiene opinión, cosa que sirve mucho en el mundo actual, para no ser pasado a llevar. Y cuando es no, es no. Ahí hay que tratar de negociar para que nadie resulte tan herido.

Ejemplo:

-Mamá: Renato, no comas tierra.

-Renato: Rica tierra (con la boca negra)

-Mamá: Rena, la tierra es wácala

-Renato: rica tierra (ya se tragó la tierra)

-Mamá: Rena,¿ vamos a buscar un perrito?

-Renato: ya (y dejó de comer tierra, aunque no siempre funciona)

2.-Independencia: he visto cómo quiere hacer las cosas solo y cuando quiere. Le gusta tomar agua en vaso de grandes y siempre bota, le ofrezco ayuda y no la recibe. Esto me demuestra que está creciendo y pasando de bebé a niño y que puede hacer cosas solo.

3.-Imitación: tengo que ser sumamente cauta en lo que digo, porque TODO repite. Por ejemplo, lo reto y hago un ademán con mi dedo índice, moviéndolo. Él, hace lo mismo.

4.-Palabrotas: hace un tiempo el Rena cambió de nivel en el jardín, mientras que los niños que iban a pasar a la sala de los más grandes, estaban en la nueva sala del pepi. Niños más grandes que hablaban más, y que decían palabras feas. Un día, mi hijo estaba haciendo algo que no debía y lo reté. Inmediatamente me respondió el reto con un “tonta”. Creí haber escuchado mal y le pregunté que me había dicho. Y lo repitió. Me empezó a tiritar el ojo y le dije que esa palabra era fea y le dio lo mismo, porque la repitió como una semana. Se le pasó y volvió a decirla y sabe perfectamente que no es linda, porque cuando le pregunto qué dijo, se hace el loco y cambia de tema olímpicamente.

5.-“Niño contreras”: no sé si es la edad, la genética o qué, pero mi amigo hace lo contrario de lo que pide. Claramente hay que ocupar la psicología inversa, o salir corriendo (depende del evento) lo que quiero que consiga, por ejemplo “me voy a comer esa comida, porque es mía”, y como es posesivo, corre tras mío diciendo “mi comida”. Mamá 1 – pepi  0.

6.-Voluntarioso: si bien el rena ayuda harto cuando se lo pido, hay veces, varias veces, que hace las cosas cuando quiere. Menos mal que todavía no me dice “espera”, ahí me puedo morir. Mientras tanto, espero que cuando le pida algo, lo haga cuando se la pida.

7.-Parlanchín: si yo soy buena para transmitir, el pepi es FIEL reflejo de su madre. Según mi mamá, yo hablaba más. Lo que me espera. Es en esta parte donde me hace tanto sentido el dicho ese de “cuando tengas un hijo vas a pagar todas tus culpas”. Y parece que es así.

Sea como fuere, estamos en los terribles dos, luego vienen los terribles 3, 4, 5, hasta llegar a los terribles 40. Todas las edades tienen algo que una como madre quiere olvidar, pero todos los momentos gratos son mucho más valiosos, aunque a veces confieso que me dan ganas de cambiarlo por plantas.

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