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Confesión N°13: salir de casa sin desconectarse

Confesión: ser mamá me agota

Es cierto, somos mamás. Estamos agotadas, sufrimos, nos encontramos feas y gordas a veces, nos pisamos las ojeras a diario y nuestro carrete ideal es dormir hasta tarde y acostarse muy temprano.

Además, somos culposas y eso nos persigue hasta en las salidas con las amigas ¿Quién no se ha tomado un trago en un happy hour, sin hijos, tratando de ahogar la culpa, de estar ahí sin ellos, en una copa de champaña? Creo que somos varias.

Hace unos meses se me dio la posibilidad de viajar a Iquique con otras mamás blogueras, con las cuales compartimos más que la maternidad: somos mamás millenials, de esas que tienen casi 30 o treinta y siempre; que trabajan, que cuidan a los niños, que son esposas, que limpian la casa: mujeres 2.0 que tienen que hacer muchas cosas al mismo tiempo, como dar pechuga mientras postean algo en el blog, o hacer pipí mientras leen un cuento a sus hijos.

Con esta tropa dejamos botada a nuestra familia, porque así lo sentimos, como buenas mamás culposas y partimos solas al norte. Era necesario hacerlo.

Pero eso de desconectarse NUNCA pasó. Porque, les puedo decir como confesión, bastaba avanzar un tramo para revisar las redes sociales, el whatsapp y saber algo de los hijos, si habían quedado bien, o no, esperando de manera ansiosa que el marido mandara una foto para verlos, como si a 30 minutos de haber salido de la casa, se olvidara de cómo son los niños.

En mi caso, nunca me había separado del Rena durmiendo fuera de casa dos noches seguidas. Y sí, lo extrañé mucho, y nos echamos de menos mutuamente. Por eso, quise conversar con él cuando pude, incluso le dejé un audio al papá por si lo necesitaba. Fue para peor, porque bastó que lo escuchara, para que quedara la escoba en casa.

Ese viaje fue una prueba de fuego, porque el Rena es muy mamoncito y bien llevado a sus ideas, lo que hizo que su comportamiento el primer día de mi ausencia cambiara, y se notó.

Debo reconocer que soy fome. No me gusta salir en la semana porque con sueño, soy peor que con hambre, lo que ya es terrible. Si no salía en la semana sin guagua, ahora menos. Lo confieso: estoy agotada. Lo único que quiero hacer cuando el Rena duerme es tirarme un piquero en mi cama.

Me ha costado optimizar mi tiempo, adecuarme a un trabajo de media jornada. Siento que corro más que antes, que hago menos, pero es cosa de acostumbrarse. Me ha costado, y bastante.

Han sido pocas veces las que he salido con amigas, pero independiente de que la idea es ir a relajarse y dejar de lado el “modo mamá”, lo único que hacemos es hablar de los hijos, y de forma reiterada: hasta por los codos.

Es que una no puede dejar de hablar de su creación más linda, más perfecta, con el pecho hinchado y un babero del tamaño de una sábana king, aunque para el mundo, nuestros críos sean los más mañosos, pesados, llorones, enojones. Para nosotros, son lo máximo.

Sea como fuere, la maternidad te cambia. En mi caso hay un antes y un después, porque una tiene que velar por alguien más, además de una misma. Y eso pone a las salidas con amigas en segundo lugar. Si bien es importante despejarse, a estas alturas del año, me despejo de otra manera: con pijama y Netflix. Eso, es impagable.

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  1. Agosto 25, 2017

    Es terrible! yo estoy todo el rato con ganas de estar mirando el cel cada 5 minutos y hago un gran esfuerzo para no hacerlo. Es ese cordón invisible que queda tirante cuando uno se aleja un poco a deshora. Si, porque ya estoy media acostumbrada a no estar en horario de trabajo pero cuando es en la tarde-noche lo único que quiero es abrazar a mi wawa.

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