colecho

Confesión N°20: el colecho inexistente en casa

Para mí que he sido siempre muy buena para darme vueltas, compartir mi cama o dormir con alguien fue durante mucho tiempo, un gran tema, porque me gusta mi espacio, me fascina que el lado que no uso esté frío.

Por eso cuando me fui a vivir con mi actual marido me costó ceder mi espacio, aún me cuesta, de hecho, espero que se duerma y lo corro lentamente, jaja. Además, con mi problema articular no puedo estar mucho tiempo en una misma posición, así que me voy dando vueltas, como los pollos asados en el supermercado.

Cuando cambiamos la cama a King, o super King, no sé cuál es, me gustó todavía  más la idea de tener más espacio para mí solita. Por eso sufro cuando voy a algún lugar, cuando la cama sólo es de 2 plazas y tengo poco espacio para darme vueltas y a alguien que suena cuando respira, más cerca.

Con Rena nunca pensé en una cuna colecho, porque mi comadre me regaló el moisés del Javi, entonces no tuve necesidad de vitrinear una cuna de esas. Y tampoco sabía mucho de ellas, además que me perturba tener el velador en otro lado que no sea al lado de la cama, por lo que puse el moisés a lado del velador, que estaba donde debía estar.

Otro factor importante, que me reafirmó no necesitar esa cuna es que como el Pepi creció con relleno, nunca tuve la necesidad de dormir con la pechuga afuera, además que lo poco que le di, me iba a sentar a su pieza, en una silla que puse para ello, nunca me dio lata pararme, si ya estaba despierta.

Cerca de los cuatro meses, mi bambam quedaba estrecho en el moisés por lo que tuve que cambiarlo y la cuna de su pieza era muy grande, así que compré una pack & play usada en yapo, que me salvó.

Como buen hijo de su madre, el Rena se mueve como trompo en la noche, lo que me hace pensar que las barandas de su cama permanecerán harto más ahí. Ha sido desde siempre así, es como un carrusel eterno, que no para. Y se mueve, y no deja de hacerlo. Si a esta ecuación sumamos otra persona igual de movediza, el resultado no es el esperado.

En mi casa nunca practicamos el colecho, lo digo abiertamente, sin escándalo. Con esto no afirmo nada en contra de él, simplemente, que este estilo de dormir con los hijos no me acomoda para nada. Primero porque efectivamente hay riesgo de aplastar al bebé, lo que en mi caso se quintuplica al no dejar de moverme ni siquiera durmiendo. Segundo, porque la criatura pequeña se mueve más que la madre y hay más posibilidades de que ruede y ruede, hasta llegar al suelo.

Han sido muy pocas veces las que he dormido con Pepi: cuando ha estado muy enfermo con mucha tos, o cuando viajo y no hay otra opción. Pero es tan mal lo que dormimos, que si lo debo pasar para mi cama, uno de los padres se va a la pieza de al lado, no sin antes hacer una fortaleza con todos los cojines que hay en la casa, porque Rena se mueve como si no hubiera mañana. Así, los dos, en cama gigante, rodamos y rodamos. Y amanezco con las costillas adoloridas de tanta patada recibida, durmiendo mal.

Que cada familia duerma como se le antoje, yo solo comparto mi experiencia, más bien inexperiencia, con el colecho en casa, no intento que crea que mi verdad sea la verdad suya, sólo que sepa que mi lado de la cama y mis horas de sueño son solo mías, como las de mi Pepi, son sólo de él.

Que cada cual ruede en su propio metro cuadrado.

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