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Confesiones de mamás Nº 6: jardín infantil y un día feliz en él

El sentimiento de culpa de las mamás nace el mismo día que parimos a nuestros retoños. Es un pack que no se separa, creo que nunca. Si no es por bañarnos largo, es por salir a comer, o por dormir más horas un sábado. O lo peor: por volver a trabajar. Y pucha que es terrible. Yo recuerdo haber llorado como dos semanas antes, sufriendo. Lloré tanto antes, que el día que lo dejé abandonado, porque eso sentí, que lo dejé botado, no fui capaz de producir lágrimas. Eso sentimos las madres que regresamos al trabajo con bebés tan pequeños. A lo mejor mis ojos se secaron antes de que partiera la sala cuna.

Antes de tener al Rena, siempre decía: “jardín, jamás. Prefiero una nana en casa”. Hoy, con altura de mira, el jardín es el mejor aliado en la vida de una mamá por distintas razones.

-Rutina: soy una convencida que los niños con rutinas son más felices que los que se crían como ellos quieran. Y el jardín ayuda mucho en eso. Yo alabo a las tías que los quieren, que les enseñan, le tienen paciencia, los mudan y un sinfín de cosas más, pero por sobretodo, lograr que duermas todos, y al mismo tiempo. Eso, merece premio.

-Actividades: a los pepis la atención les dura nada, por tanto, hay que tener muchas actividades para entretenerlos, y me he dado cuenta que lo pasan muy bien. Cantan, ríen, juegan, interactúan, comparten, pelean, se quieren, se odian, lloran. Todo en 3 minutos.

-Hábitos: una vez fui a buscar al pepi y fuimos al baño a lavarle la cara, porque tenía que ponerle bloqueador. Me llamó la atención ver un lavamanos minúsculo que me llegaba a la rodilla. Y él, muy de mangas arriba lavándose las manos con una soltura que la quise en mi casa, donde tengo que corretearlo. Les enseñan las cosas más básicas y eso ayuda mucho en casa, principalmente porque una se levanta corriendo y se acuesta corriendo.

-Dejar de ser el centro del universo: en el jardín los niños saben que hay infinitos universos como él, que no lo es todo. Yo creo que eso es bueno, porque prepara a los niños para vivir en sociedad, para saber que existen más personas además de ellos y que se debe convivir con ellos. Y ese camino lo pavimenta el jardín, como también la plaza. Deben saber esperar su turno, comer a la hora determinada, a seguir tiempos de otros y no el propio.

-Compartir con más niños: estar en contacto con otros niños no solo genera contagio de bichos, sino también los indicios para futuras amistades. Yo he visto como el rena se relaciona mejor con algunos niños, no con todos. Y tiene sus compinches y es TAN divertido ver cómo interactúan. Y Eso con una nana en casa no se puede lograr.

Yo disfruto ver a mamás que dicen que se ganaron el kino con su nana y yo tuve una durante muchos años y creo lo mismo, pero no todas podemos contar con esa gran ayuda.

Todos los días en el jardín son diferentes, pero les quiero contar de un día que me fascinó.

Ese día no trabajé, había una actividad en el jardín y recibían a los pepis desde las 3 para la actividad de fiestas patrias y tuve que pedir el día en el trabajo. El pepi debía ir vestido de huaso. Menos mal que le entraba la camisa escocesa que tenía,  porque todas sus camisas le quedaban chicas. Poncho, para qué hablar: hacía calor y no le gustan.

Antes, a eso de las 8.50 am, partimos al supermercado a buscar unas cosas y le compré un plátanos que “graciosamente”  apretó y desparramó en su buzo recién puesto, limpio. Fue sarcásticamente feliz.
Le compré un pijama de aviones que no quiso soltar en la caja y se lo llevó del colgador todo el camino.

Volvimos a la hora de almuerzo y mientras se lo calentaba,  lo escuchaba mascar.  Debió haber encontrado alguna miga de días pasados. Quizás las guarda a propósito,  como algún animalito, porque mi pepi a veces es bien animalito para sus cosas.

Durmió su siesta y partimos con la abu a dejarlo a su actividad.
Con una patita de cueca desfilaron los más pequeños y después fue el turno de mi rena. Todo iba bien hasta que se dio cuenta que había más gente y se puso a llorar. Y cuando el pepi llora, llora. Y la mamá pasó a ser parte del baile,  ahí consolando al crío al lado de puros niños.

Se acabó el baile y después se puso a bailar con sus amigos.
Este pepi!!
Corrió como 40 minutos subiendo y bajando la entrada del jardín, se hizo caca,  tomó mucha agua y jugo y se robó un cuchufli.
Siguió corriendo y compartiendo con sus amigos.
Lo vi feliz, gritaba de contento y  mostraba esas tremendas separadas paletas que tiene. Se le hacían margaritas y reía con esos hermosos ojos grandes y brillantes.
Qué rico verlo disfrutar.
Qué bien que le hace el jardín a los niños.

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  1. Macarena
    Octubre 4, 2016

    Me gusta mucho leer tus confesiones..me proyecto e imagino con mi propio pepi que ahora tiene 4 meses y estoy en proceso de ver sala cuna pues en nov debo volver a trabajar…se me aprieta el corazon de solo pensar que se puede puede sentir abandonado o que no sere yo quien oo cuide todo el dia..pero tambien se que le hara bien en su desarrollo.

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