pepi

Confesiones de mamás Nº2: TOC en los niños

Los TOC en los niños.

Dicen que los niños son bien llevados a sus ideas. Por lo menos el mío sí lo es y, seamos francos, tiene de donde sacarlo, obvio, de mí. Esto no pasa por ser ni mal portados, ni vándalos, ni maleducados: los niños, simplemente, quieren hacer lo que ellos quieren. Son voluntariosos y les gusta hacer las cosas como y cuando quieren.

Seamos honestos, hay algunos adultos que todavía mantenemos ese comportamiento un tanto infantil. A  mí, particularmente, me enferma que me digan las cosas que tengo que hacer, he sido toda la vida igual. Y lo peor, que comparto con los niños, que si las cosas no salen como quiero, me pongo idiota. Y como lo que se hereda no se hurta, el pepi es igual de frustradito que la madre.

Ejemplos para esto, tengo de sobra, pero me quiero detener en un particularmente. No sé si todos ustedes saben que el pepi es fanático de Elmo y eso se lo inculcó la mamá que le compró todo lo que encontró de Elmo. Tiene peluches, poleras, bolsitas, vasos, porta snacks, etc. Anda con sus cosas para arriba y para abajo. Cuando le da sueño, agarra a su elmito (un peluche chiquito) y se pasa la manito del mono por los ojos, las orejitas, para relajarse. Por eso a la hora de dormir, no puede faltar su tuto, el tete y el elmo. Pero hace unas semanas uno algo que cambió.

El pepi estuvo enfermo de bronquitis y ocupé el comodín SOS abu, porque tenía que trabajar. Así que llamé a ese número y la abu (mi mami) vino a socorrerme y cuidar al rena mientras yo trabajaba. Llegaba tempranito y se lo llevaba a su casa para jugar con el tata. En sus periplos a la casa de mi mamá encontró en una cama un peluche. Estaba blanco, inmaculado y tenía más años que mi prima chica. Era un perro comprado en Village (caída de carnet) y era un west Highland terrier, lindo, precioso y muy blanco.

El rena que es más copuchento que Jorge el curioso lo vio y, como es fanático de los perros, se lo adueñó y ahí partió el TOC más TOC que ha tenido. Como les decía, mi peque es obsesivo para algunas cosas y si le gustó pasar la escoba, la pasa toda la tarde; si le gustó pintar, pinta toda la tarde…y así. Y con el perro le dio firme, firme. Resulta que hoy Elmo no es una prioridad en mi casa, pero sí lo es el perrito ese, que tiene tanto pelo, que los ácaros viven en una mansión. A esto se le suma un cambio de jardín y un terremoto en su rutina, por lo que este objeto de transición, le sirvió bastante para adecuarse a un entorno nuevo con gente nueva.

Al perro, lo conocimos blanco, hoy no lo es, porque mi hijo lo mete en todos lados: cuando estaba en adaptación en el jardín, el día que se quedó a almorzar había betarragas. Se sentó, con el perro, y comió, y el perro también. Todavía tiene el poto rosado. Además el pobre fue atropellado, no intencionalmente, dos veces por el coche, tiene el lomo plomo. Lo lleva al mudador, lo miran los compañeros y lo esconde.

El viernes pasado llegó con la oreja amarilla porque aterrizó en su almuerzo, y ahí está, con los pelos tiesos y esperando lavarse. Se levanta y ábrela boca para decir o peppa o guau guau, y ahí partimos nosotros, a buscar al quiltro en algún lugar de la cuna. Se sube al triciclo con el perro. Se viste con el perro, se quiere bañar con el perro y cuando le baja la pena o el tuto, sino lo tenemos a mano es drama seguro, hace pucheros y lo llama desesperado.

Como se dice por ahí, lo que se hereda no se hurta y pucha que es cierto!

si quieres leer la confesión siguiente, pincha aquí

Tags:
0 shares

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *