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La adaptación al mundo de la educación formal

Gracias nuevamente a nuestra querida Ros Rodríguez que nos colabora con otra columna de psicología.

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Ya sea sala cuna, jardín infantil, play group, kínder o enseñanza básica – y a veces incluso media- la adaptación de los niños a un nuevo ambiente y una nueva rutina en la gran mayoría de los casos no es nada de fácil.

En esta ocasión me centraré en los prescolares, básicamente porque me parece que debemos enseñar desde la base, desde los inicios, a nuestros niños a adaptarse a nuevos contextos, a nuevas situaciones, siempre detrás de ellos diciendo – aunque a veces sin decirlo- “estoy aquí siempre para ti, aunque tú y yo sabemos que eres fuerte y tú puedes”.

Se acerca marzo y muchos padres ya están buscando sala cunas o jardines para sus hijos. Se les aprieta la guata de pensar en dejarlos ahí todo el día mientras ellos trabajan o simplemente hacen su vida adulta, que siempre nos trae mucho trabajo aunque seamos “simples” dueñas de casa (destaco el “simple” porque creo que ser dueña de casa implica ser un acróbata malabarista al tener que coordinar desde el almuerzo hasta las idas al pediatra, las vacunas y las compras del supermercado para que todo ande como reloj).

Un sentimiento muy frecuente de los padres y, sobre todo de las madres, en este período, es la culpa que les corroe el alma. Se sienten malas madres por no estar con su hijo 24/7, por dejarlo “a la deriva”, por hacerlos separarse del calor y la contención de mamá, por pensar primero en ellas, o en la casa, o en la familia, en lugar de poner primero al hijo pequeño.

Déjenme decirles que todos esos fantasmas se los están creando uds solos. Ven la sala cuna o el jardín como un lugar tenebroso lleno de brujas malas que asustan y torturan a los niños. A los demás niños como unos fantasmas malvados que querrán quitarle los juguetes al tuyo y que querrán burlarse de él. Si, así me lo han relatado algunas madres cuando “caricaturizamos” su visión de este lugar. Pero yo les cuento que esas imágenes vienen de su cabeza ¿Qué significa eso? Que vienen de sus propios miedos, de su experiencia cuando pequeños, de las ideas que otros les metieron en la cabeza, y no de la realidad.

El jardín infantil es un lugar mágico. Es el lugar donde los niños salen a la vida. Es el lugar donde los niños comienzan a conocer los pilares que los llevarán a sobrevivir en este mundo, esos pilares basados en respeto, orden, y a la vez diversión y alegría. Si le tomáramos el real peso a lo que significa el jardín, y pudiéramos mantener esos pilares por el resto de nuestros años, seríamos personas mucho más felices de lo que somos en realidad en esta estresada sociedad.

Pero, más allá de lo lindo que me parece la estadía en el jardín infantil, te quiero dar algunos tips para que, cuando te decidas, o bien cuando no tengas otra opción y debas dejar ahí a tu hijo, lo hagas de la forma más pausada posible (en la medida que se pueda).

Al ingresar a un lugar nuevo como este, al que irá tu hijo cada día y estará sin figuras de apego durante tantas horas, es muy importante la adaptación, es decir, hacer que el niño reconozca tanto el lugar, como las caras y la rutina que ahí sucederá día tras día. Es por eso que lo idea es que te tomes un par de semanas para acompañarlo poco a poco, siempre respetando su ritmo, pero también equilibrando eso con la realidad (porque si no fuerzas un poquito, podrías pasar un semestre completo en adaptación, y a tu hijo tampoco le hace bien tanto resguardo, debe aprender a lanzarse al mundo con valentía, eso debes enseñárselo tú!).

Los primeros días te sugiero que vayas con tu hijo al jardín, que estés con él ahí durante una hora aproximadamente en una posición muy natural como que estuvieras en casa. Los días siguientes quédate un rato con él, y anda alejándote poco a poco, te paras en la puerta y luego vuelves, o sales unos minutos y regresas, y así. Ya al pasar una semana tu hijo conocerá el lugar, a “las tías” y reconocerá a sus compañeros también.

La segunda semana la idea es que puedas ir con él pero permanecer más tiempo afuera de la sala, un poco más tiempo afuera cada día, y que a la vez la jornada se vaya alargando para tu hijo dentro del jardín. El penúltimo día de la segunda semana ya las cosas debieran andar mucho mejor y tu hijo debiera sentirse más adaptado.

Es muy importante siempre que si el niño llora mientras está en el jardín y tú estás presente, lo contengas solo al comienzo, y luego le permitas a “las tías” hacer su trabajo de contención, porque si tú vas a seguir siendo la que siempre contiene ante la pena o la angustia, no darás espacio a que reconozca a otra figura de apego dentro del contexto del jardín, entonces cuando tú no estés, se sentirá mal por no tener a quien acudir. Darle espacio a las educadoras y auxiliares de párvulos, que ellas saben contener a los niños.

Para mí también es relevante contar con un jardín que te permita esta flexibilidad en la adaptación, y que tenga cámaras o bien que tenga una política de puertas abiertas (dentro de lo que se puede) es decir, que te permita ir a dejar o a buscar a tu hijo cuando desees, y no en las horas estrictamente establecidas. Esto último a mí al menos, me da desconfianza. Y una de las cosas fundamentales aquí es “la guata”, ese sexto sentido de mamá que te hace confiar o no confiar en un lugar cuando lo ves, y en las personas cuando las saludas. Mira el entorno, mira como son las tías, mira cómo se comportan los niños y los apoderados que van a dejarlos y a buscarlos. El período de adaptación es increíblemente bueno también para saber cómo funcionan las tías con los niños, qué tipo de contención, cuidado y atención les dan. Con eso, ya tienes la mayor parte del camino recorrido!!!

Así que te invito a investigar, a usar tu olfato de madre sabueso, y a ver al jardín como el lindo lugar que es. Si fuiste al jardín recuerda lo maravilloso que era llegar cada día a jugar, luego aprendiste a dejar todo en el lugar donde lo sacaste. Te sentabas después a la mesa a tomar leche tibia y galletitas, para luego seguir jugando y explorando el mundo. Luego tenías de esos almuerzos distendidos que hoy en día tanto extrañamos. Pero lo que más más extrañamos, me parece que es esa siesta reparadora de dos horas, para luego levantarnos a tomar una leche tibia y seguir jugando el resto de la jornada. El respeto y el cariño reinaba en todos lados, o al menos eso trataban siempre de inculcarnos. Qué lindo sería volver a esos días. Pero ahora tienes la posibilidad de regalarle esa experiencia a tu hijo, no la desperdicies.

Si tienes dudas o quieres una asesoría para la adaptación de tu hijo al jardín puedes escribirme en mi Instagram @Psicóloga.Ros.Rodriguez

 

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  1. Tamara pardo
    Febrero 11, 2018

    Que buen artículo!! Me agrado leerlo, por qué ahora a mi me toca ver desde el otro lado el tema de la adaptación sala cuna o jardín infantil, debo entrar a trabajar ( Educadora de párvulos) el 14 de marzo y mi bebe entra a la sala cuna el 5, me preocupe de buscarla durante enero para justamente hacer una adaptación como corresponde a mi hijo. Es por esto que me gusto leer cada una de las cosas que escribiste aquí, ya que todo depende de tú como mamá le trasmitas a tu hijo la seguridad, contención, etc, ante estos cambios después de pasar el post natal juntos.
    Gracias por compartir este artículo de la adaptación.
    Incluso yo desde que fuimos a conocer la sala cuna le hablaba a mi hijo que iba a conocer a nuevos amigos, iba a tener “tías” y que lo iba a pasar súper!! ( quizás un poco loca decírselo a los 3 meses que hubo tenía)

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