foto del diario de mika

Psicología: celos entre hermanos

Ros Rodríguez abarca esta vez un tema que es muchas veces complejo de tratar: los celos ¿Se acaban esos celos enfermizos cuando llega a casa el hermano pequeño? Con una ingeniosa analogía, nuestra Ros nos hace ponernos en el lugar de los niños.

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¿Celoso yo?

Nos trasladaron a Arabia Saudita por trabajo, llegamos allá, nos estamos aclimatando, y un compañero de trabajo se muestra demasiado atento con nosotras. Tanto tanto, que de un momento a otro nos damos cuenta de que prácticamente nuestra vida depende de él: nos ayuda con temas básicos desde manejo de nuestro nuevo hogar, comida, salud, tips varios, y por otro lado nos entrega la seguridad emocional que necesitamos al encontrarnos solos tan lejos de nuestro país de origen. Así estamos durante unos meses, cuando de pronto este personaje nos invita a su casa y nos presenta a su nueva –segunda- pareja. ¿Ah? ¿De qué me perdí? Sí, Estamos en Arabia Saudita mujer, acá la poligamia es permitida. Cuento corto: tendremos que empezar a compartir el amor, la preocupación y el tiempo del amor de nuestra vida con otra persona ¿Qué tal?

Y bueno, la mente humana trama infinidad de cosas, y piensa tanto, que finalmente se comporta de formas insospechadas. No sería raro que en las semanas siguientes suframos de algún dolor, de cabeza, de estómago, etc… Y de verdad que no es show, ¡de verdad lo podemos sentir! Y es probable que lloremos más de lo normal, y al ver la poca o nula contención por parte de nuestro amor (medio perdido) busquemos otra forma de llamar su atención, tal vez siendo indiferente, o tal vez hasta enojona o irrespetuosa. Si este hombre no se va a acercar por las buenas, tendrá que acercarse por las malas.

Hasta aquí muchas dirán: “está buena la teleserie, pero ¿qué *#¨?! tiene que ver con los niños?”. Les cuento madres y padres, esta historia no sólo les pasa a los adultos, ese miedo de perder la atención del “amor de su vida”, de tener que compartirlo, inclusive más allá, ese temor a perderlo por completo es pan de cada día en la consulta. Ese temor no lo viven solo los adultos, sino también los niños. Para ellos la fuente de amor, de protección, la fuente principal de la vida son los padres: ¿acaso se les ocurre ahora, tras leer un relato de cómo lo vive el adulto, como sentirá un niño al crearse esa duda en su pequeño coranzoncito de que pueda llegar un nuevo personaje a robarle el amor de sus amores (madre y padre), por ser mejor, por ser más “débil”, por “manipularlos” de mejor manera? Imaginen el pavor que podría llegar a sentir un niño por imaginar que alguien va a ocupar su lugar, que alguien realmente podría desplazarlo.

Cuando uno tiene miedo, reacciona como puede, se puede agarrar hasta de un fierro caliente para no caerse al vacío, o sea, puede hacer las locuras más impensadas. Para no  perder a alguien que es fundamental para la vida podemos gritar, patalear y hasta morder. O ¿No lo harían si ven que el amor de sus vidas está muriendo y un médico que está al lado no lo atiende para salvar su vida? O sea, yo sería capaz de morderle la cara sin problemas. Ahora, pensemos en una mente menos “madura”, en desarrollo, si yo soy capaz de morder al médico, él será capaz de tirarle tempera en la cara a la tía del jardín así, sin asco. Los niños viven en un mundo de egolatría, mientras menores son, más ególatras suelen ser, y esto hay que tenerlo muy claro, es parte de su desarrollo como seres sociales. Antes de los 6 años los niños aún se tienen como prioridad ellos mismos, les cuesta aún ceder, compartir, comprender hay que otros.

Ahora… qué podemos esperar de este difícil periodo, el cuál requerirá de mucho trabajo para lograr la adaptación lo antes posible. Podemos esperar pataletas, peleas con otros niños, retroceso en la edad (es decir que vuelvan a conductas que tenían cuando eran más pequeños, incluyendo mojar los pantalones, usar chupete, etc). Esto es completamente normal antes de los 6 años, y también después. La diferencia es que después de los 6 años debiera ser mucho más leve, sino, lo más probable es que se necesite apoyo profesional.

Es importante considerar que si bien antes de los 6 años estos cambios de conducta son normales, hay que revisar su intensidad y la cantidad de tiempo en los cuales se manifiestan. Si estos se han permanentes y comienzan a afectar el día a día tanto en el jardín- colegio o en su casa, es importante acudir a un especialista.

Además es también clave tener en cuenta que esto afecta más a un “hijo único” que está acostumbrado a recibir toda la atención, que a los hijos cuando llega un 2do o 3er hermano. Dentro de todo, ellos están acostumbrados a que la dinámica familiar sea así y el amor se comparta con otro, por lo tanto lo más usual es que los “ataques de celos” tiendan a ser un poco menos intensos. Pero todo dependerá del niño, de la historia, del contexto.

Mi consejo como siempre es: ¡paciencia! Este período requiere de mucho amor, de mucha paciencia. Si criar a un bebé es difícil, deben considerar que ahora además de criar a un bebé, deberán lidiar con los celos del hermano. Esto requerirá de mucho amor, de comprensión, de tolerar y de mucho hablar y contener. Es importante que al “hermano mayor” siempre se le refuerce el cariño que se le tiene, que jamás se le compare con este nuevo integrante de la familia. Es importante también que se le incorpore como uno más dentro del cuidado del bebé, haciéndolo partícipe de todo el proceso y de la ayuda que requieren los papás, comenzando por cosas muy básicas como “hacerle cariño al hermanito” desde la guatita de la mamá, hasta escogerle su primera tenida para usar en la clínica, ayudar a llevarle el pañal a la mamá o la crema para las coceduras, darle la mamadera, y así, poco a poco. Que sienta que son un equipo, son una familia, y que el amor se entrega de todos hacia todos, siempre, sin excusas, sin pretextos, sin condiciones.

 

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