Familie in deinen Händen

Psicología: el apego

Inauguramos esta nueva sección de la psicóloga Ros Rodríguez. Hoy hablamos de apego:

Apego…Qué palabra más de moda, tan manoseada. Y también qué palabra más hermosa y mágica.
La hemos leído mil veces, la hemos escuchado, e incluso, muchas le hemos temido. La oímos y se nos aprieta la guata, y el corazón.

“¿Estaré siendo buena madre?; ¿Le faltará apego a mi hijo?; ¿Lo estaré dejando demasiado solo?; ¿Me necesitará más?; tal vez debiera ducharme 2 minutos, no 5;… no debiera ver tele mientras le doy pechuga”. O peor: “tal vez debí seguir dándole pechuga aunque no me saliera nada, o aunque tuviera una mastitis horrorosa, o aunque los pezones me sangraran casi como si me los hubiera frotado con gravilla” (Pucha que duele imaginarse esto último. Especialmente quienes lo hemos vivido).
Bueno, quisiera llegar con una varita mágica a todas y cada una de ustedes y, dándoles un toquecito en la cabeza, decirles “te libero de toda culpa respecto del apego”.
¿Por qué? Porque ya es suficientemente difícil ser mamá como para que nos anden metiendo más cosas en la cabeza.

Apego
Les cuento, para aquellas que han leído en diferentes páginas web sobre el apego, que ésta es una cuestión científica que empezó a estudiarse a partir de los años cincuenta, cuando estudiaron el vínculo de las aves con su madre. Luego se estudiaron los monos, hasta llegar a los humanos.
Lo que dice la teoría del apego, es que las guaguas nacen con un kit de conductas que no hacen otra cosa que buscar una reacción en sus padres, reacción que se relaciona con la proximidad y con evitar la famosa “ansiedad de separación”. Por eso chupan, por eso lloran, por eso balbucean, por eso nos sonríen. De esta manera, nuestros cachorros nos “usan” como figura de apego, una figura que les da protección y seguridad. No es más que eso.
En palabras simples y, resumiendo, el estado de seguridad o de ansiedad/temor de un niño, va a estar determinado por el nivel de presencia de esta “figura de apego”, o sea de la mamá, el papá o el cuidador del niño. Y aquí viene la parte entretenida, y también mal entendida por muchos.
Estar presente y ser accesible no implica llegar corriendo al lado de la guagua sólo para que nos vea, ni llegar al lado gritando o agitadas porque nos tiene aburridos con su llanto (el típico “y ahora ¿Qué le pasa a este niñ@?”, con cara de demacrada, ojeras XL y ganas de querer estallar en llanto). Es responder de forma apropiada a las demandas del niño. O sea, no es que tengamos que estar TODO el día al lado de nuestro hijo (sea guagua, o un niño un poquito más crecido). Simplemente es “estar ahí cuando nos necesita”.

La práctica
Generar un buen apego no significa necesariamente, por ejemplo, darle pechuga hasta los 2 años. Si puedes extraerte leche y darle en la mamadera mientras le acaricias la cabeza, le cantas una canción relajante o le hablas en tono cariñoso y sientes ese amor que irradias hacia tu hijo, créeme que es 10.000 veces mejor que darle pechuga directamente, mientras lloras porque te duelen los pezones, te duele la espalda y ya no das más de los nervios porque sientes que no te está saliendo nada de leche. Y si no tienes leche, ¡dale fórmula! Obvio que no es lo “ideal”, pero hoy en día las fórmulas son demasiado buenas. Hay normal, sin lactosa, con lactosa, con proteína de vaca, con proteína de soya, etc. Aquí la cuestión no es QUÉ le das, sino CÓMO se lo das.
Y si no te atreves a usar el fular para andar junto a tu guagua pegada a tu cuerpo, no lo uses, aunque sea muy práctico.
Es mucho mejor cargar a la guagua un ratito en brazos y luego dejarla en una mecedora al lado tuyo mientras cocinas o trabajas, hablándole de vez en cuanto, haciéndole cariño, haciéndola reír o cantándole canciones, a usar el fular o el porta bebé y morirte de dolor de espalda, o complicarte, o estar asustada.

Y así con todas las cosas. Nadie “manda” a dormir con la guagua todas las noches en la cama, ni a colechar, ni a mantenerla en tu habitación hasta el año. El tema no va por ahí, el tema es cuánto amor y seguridad le das. No es mejor que dejes la cuna al lado de tu cama hasta los 12 meses si cuando llore en la noche te vas a despertar de malas ganas, o vas a dejarla que llore 5 minutos antes de ir a verla porque lo que te encantaría es poder volver a la intimidad de tu habitación de pareja: solos tu marido y tú. Para eso es 1.000 veces preferible que la lleves a su propia habitación, la acostumbres a una rutina llena de amor y relajo antes de dormir, no es fácil pero es totalmente posible, y mientras antes mejor, y si se despierta en la noche llorando vayas a abrazarla y a responder a lo que necesita. Eso sí es generar un buen vínculo, eso sí es un apego positivo, seguro y efectivo.
Y ojo, que después de leer todo esto no quiero que les surja la idea de que tienen que responder con un SI a todas las demandas de sus hijos, porque ahí viene la parte número 2, que es la tarea de enseñar a nuestros hijos a tolerar la frustración y a enfrentarse a una vida que a momentos es difícil e insegura.

Así que, ya sabes, nada de andar haciendo cosas de “moda” porque todos las repiten. Cría como puedas, como te alcance, como quieras, PERO cría con amor, con entrega y con alegría. Nada más necesitas para desarrollar un hijo alegre, sano y seguro mental y emocionalmente.

A Ros las puedes encontrar en:

Facebook: https://www.facebook.com/psicoterapialternativa/

Instagram: https://www.instagram.com/psicologa.ros.rodriguez/

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